martes, 17 de mayo de 2011

Un juego de mayores. (Iván)

Sus pasos, cansados ya por el largo viaje, sus botas de viaje confeccionadas por su madre ya tenían un color levemente amarillento a causa de la arenilla del camino.

El joven se aparta el pelo con cuidado y con los ojos entrecerrados ve a lo lejos lo que es un pueblo rodeado por estropeadas murallas. Él nota como el sol le quema la cabellera.

- Joder con el puto sol...- Comienza a caminar algo más rápido.

Es por su deber, por él mismo, por su futuro... si fuera por alguna otra razón no estaría en un lugar tan lejano de su hogar. Con cuidado baja su brazo y con delicadeza acaricia lo que parece un trozo de metal que cuelga de su cintura.
Pero en ese instante ve la entrada, puede darse cuenta con facilidad que allí hay algo importante esa tarde. Hay hombres que con una gran alegría llevan animales por la calle principal, más adelante hay mujeres que transportan la poca comida que tienen. Parece ser que todos los campesinos ayudan en la elaboración de aquel extraño evento.

El joven ve como un guardia que hay custodiando en la entrada le mira con atención, parece no ser bien bienvenido allí. Él le sonríe levemente y aparta la mirada, no cree que le impidan entrar si hay una fiesta.

Con cuidado se acerca a una de esas mujeres que gritan, dando ánimos a los hombres para que el trabajo se les haga más ameno.
- Perdona...
- ¿Sí?- La mujer se extraña un poco al ver su apariencia. Sus ojos se clavan en ese corazón que hay dibujado en su mejilla.
- ¿Qué hay aquí?
- Gente...- No le da buena espina.
Iván suspira y apoya una mano en su cintura.- ¿Qué fiesta..?
La mujer agacha ahora la cabeza y se fija en sus botas, algo estropeadas, pero llenas de corazones.- ...
- ... ¿Señora?- No le gusta que le miren así.
- ... L-la... fiesta de nuestro señor. Se celebra cada tres años...- Mira ahora a una mujer que se dirige hacia ella.
- Buah, qué aburrimiento.
-¿¡Perdone?!
Iván sonríe y da un paso hacia atrás, se le ha escapado.
- ¿¡Se ha referido a la fiesta como algo aburrido?!
- N-no..- No puede impedir que una risa nerviosa lo inunde. Da otro paso hacia atrás, pero esta vez se topa con un guradia de la ciudad.
- ¿Ocurre algo?- Habla alguien tras el joven.
Iván se gira y ve que no solo hay uno, hay cinco gurdias tras él.
- N-no nada, nada malo...- Se fija en el que está frente a él.- Nada...- Se siente terriblemente atraido por él, es demasiado apuesto como para soportarlo. Posa una mano en su torso.
- ¿Qué hace?- El guardia se siente atónito, no se esperaba algo así.
Iván junta ambas manos.- ¡He sido muy malo! ¡He insultado a esta pobre mujer!
- ¿¡Cómo?!- La anciana se adelanta y le mira estupefacta.
- ¡Sí! ¡Yo lo hice! Todos los males son gracias a mí...- Le guiña el ojo.- Lléveme a su calabozo.- Sonríe.
El guardia se aparta.- Llevaoslo.
- Pero joven...- La mujer no sabe que decir, no sabe porqué ha hecho tal cosa.
Iván le mira con una amplia sonrisa.- Gracias por la información.

Los hombres lo conducen hacia un pequeño calabozo al este de la ciudad, él está sentado en el suelo. Aquello es frío, solitario e iluminado con un pequeño candil.
- Vente aquí...
El guardia resopla, intenta no escucharlo.
- Es de noche ya y no me has dado nada bueno.
- Te puedo dar la muerte.
- Joder con el guardia...- Aparta la mirada.- Me encanta que sean así.
Entonces de fondo se escuchan pasos. Abren la puerta de aquel sitio y un joven aparece para dar un aviso.
- ¡Mi capitan!
El hombre se pone en pie.
- Varios extraños han interrumpido en la fiesta y han acabado con varios inquisidores.
El capitán coge el arma que descansaba sobre la mesa y con rapidez la enfunda. Todos salen de allí a paso rápido.

- Así... que extrangeros...- Iván se pone en pie y se acerca a la puerta. Él cierra los ojos y suspira. Lentamente echa su brazo izquierdo hacia atrás y al abrir los ojos golpea con el puño las rejas.
La puerta sale disparada hacia el fondo de la estancia.
- Si no hay sexo me largo.
Él comienza a caminar a paso rápido hacia el exterior, debe irse de allí, pero antes debe encontrar a aquellos que le serán de ayuda, a los que comparten el mismo destino que él.

Escucha gritos, abucheos, insultos, la gente de la ciudad está enfadada. Él no hace nada más allí, él debe continuar, pero esta vez no será solo.

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