jueves, 5 de mayo de 2011

Frutas silvestres (Weram)

La joven corría hacia Weram y alzaba sus delicados brazos por sus hombros para abrazarle.- ¿Sabes que mis padres están deseando que nos casemos...?
- Sabes que aún es muy pronto...- Él acaricia su cintura con suavidad mientras besaba su cuello.
- Pero ya saben lo de tu poder, eres uno más de mi familia.
- Sí, pero aún así, tan solo hace un año que mis padres fallecieron... No quiero aún pensar en hacer una familia.- El joven se aparta y coge el pequeño cesto que la chica transportaba para llevar unas cuantas frutas silvestres.

Esa mañana el sol estaba en lo más alto y ambos decidieron salir en busca de algún delicioso manjar que el bosque le ofrecía a la pareja y a los padres de ella. Al parecer, hacía tan solo una semana que Weram se había ido de la ciudad con su pareja y sus suegros. Su madre le avisó del plan que había tramado su padre, l de acabar con todo lo que más amaba, pues ella le impedía llevar a cabo sus planes de futuro. Quería concertar un matrimonio de conveniencia con una noble de la ciudad, pero eso ya era imposible, pues se había enamorado perdidamente de una joven criada de su mansión.

Nada más llegar a la pequeña casa algo antigua, pero recientemente restaurada Ilian sintió un grito desgarrador. Weram que iba tras ella aceleró el paso y al entrar vio a la pareja de ancianos tumbados y sin vida en el suelo de lo que era un salón comedor. Ella se giró bruscamente, pues no quería afrontar lo sucedido.
- Weram...- La voz de la chica apenas era audible.
- ¿Q-quién ha hecho tal... acto...?- Él se acercó a ella y la abrazó. Con cierto resquemor miró a su alrededor y tras la mesa vio un trozo de tela negra que nada más sentir ser vista se movió.
- Ilian... sal...
Ella le miró con temor.
- Sal ya... por favor...- Weram acarició lentamente su mejilla y le miro con sus oscuros ojos marrones.
Sin poder hacer nada más al respecto la joven asintió y salió de allí lo más rápido posible.

- ¡Salid!- Él miró al fondo de la pequeña casa y vio como algunos hombres ataviados con largas capas y túnicas negras empezaban a reír mientras salían de sus escondites.
- ¡¿Porqué?! ¡¿Porqué hacéis esto?!
- Son órdenes...- Dijo el que estaba más alejado.
Los tres hombres le miraban sin sentir rencor alguno por lo ocurrido.
- Malditos inquisidores...
- No hace falta que nos maldigas... Tan solo te buscábamos a tí... Al nigromante.
El joven entonces hizo un leve gesto con sus dedos y la tierra a su alrededor comenzó a moverse.
- Mal hecho...- Weram alzó los brazos y en ese instante el suelo se llenó de oscuridad, haciendo que unas manos huesudas salieran de aquel maleficio, como si quisieran escapar de su condena.
Los dos esqueletos comenzaron a salir de allí a una gran velocidad, sus ropas estaban raídas por el paso del tiempo y de sus huesos colgaban apenas unos finos hilos de piel putrefacta.
Los dos seres avanzaron hacia los asesinos respondiendo a las órdenes de su señor, mientras los demás sacaban sus armas para poder contrarrestar al ataque.
El chico entonces aprovechó y salió de la casa, intentando volver con Ilian.

Miró a su alrededor y comenzó a acelerar sus pasos hasta verla cerca del lugar en donde crecían las frutas silvestres. Weram sonrió levemente al ver que ella estaba bien.
- ¡Ilian!- Lentamente paró al ver que ella se giraba y le miraba.
Con rapidez alzó una mano en modo de saludo. Ella sin embargo se dispuso a mirar al suelo apenada por lo sucedido.

Mientras ella se acercaba vio que algo hacía mover los árboles de su alrededor... pero para su sorpresa esa sería la última vez que vería a un ser querido con vida. Tras ella apareció un enorme ser ataviado con unas ropas raídas, sus tres metros y medio y su rostro desagradable y desgraciado le daban un aspecto de lo más terrorífico. Su capa era oscura y su capucha tan solo ocultaban levemente su aspecto.
- N-no... ¡Ilian! ¡Corre!- El joven juntó sus manos y las pegó al suelo para conseguir aún más seres no vivientes que le ofrecieran su ayuda. Sin embargo, los seres se alzaron justo cuando el enorme ser atravesaba con sus garras por la espalda a la joven, provocándole la muerte en el acto.
Weram gritó y su furia aumentó su poder hasta niveles que nunca antes había realizado, aún así el ser se deshizo uno a uno de los cadáveres como si de un simple papel se tratara.

El horrible monstruo se acercaba más y más a él. El chico tan solo se quedó mirando el cuerpo inerte de ella, viendo su rostro y sus ojos cerrados los cuales muchas veces le habían mirado en secreto en su antiguo hogar.
- ¡¿No me miras Weram?!
Weram negó con la cabeza, pues ya sabía que llegaba su fin. Lo último que deseaba hacer era ver esas horripilantes facciones.
- Lo siento hermano... me lo merezco. Acaba conmigo ya...
El enorme ser hizo una mueca que bien podría significar su alegría y de un simple golpe acabó con lo que una vez era un simple chico que buscaba vivir lo prohibido.

0 comentarios:

Publicar un comentario